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La gripe aviar es una enfermedad viral altamente contagiosa que afecta a aves domésticas y silvestres. Puede provocar alta mortalidad en explotaciones avícolas y causar importantes pérdidas económicas.
La mejor forma de proteger su granja es aplicar medidas estrictas de bioseguridad, mantener una buena higiene en las instalaciones y actuar rápidamente ante cualquier sospecha de infección.
Desde 2021, Europa ha registrado uno de los mayores brotes de gripe aviar de su historia, principalmente causado por el virus A(H5N1). En España también se han detectado focos en aves domésticas y numerosos casos en aves silvestres en distintas comunidades autónomas.
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La gripe aviar en gallinas, también conocida como Influenza Aviar (IA), es causada por el virus de la Influenza tipo A y puede infectar a todas las especies aviares.
Hay cepas del virus de IA de baja patogenicidad (IABP) y alta patogenicidad (IAAP), clasificadas por subtipos de hemaglutinina (H1 a H16) y neuraminidasa (N1 a N9). Por lo general, los virus IAAP altamente patógenos son variantes H5 o H7, que causan daño severo a los órganos internos y pueden tener una mortalidad del 90% al 100% en pollos en 48 horas.
Si un animal está infectado con la variante leve (IABP), vemos que pone menos huevos y tiene dificultades para respirar. Cuando un animal se infecta con la variante peligrosa (IAAP), los síntomas se hacen visibles entre unas horas y 3 días después de la infección. Los síntomas son:
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Un alto nivel de bioseguridad es la defensa más importante de que disponen los avicultores para prevenir la entrada de la gripe aviar en sus granjas.
La aplicación de protocolos y medidas de higiene claros para visitantes, vehículos, piensos y mercancías que entran en la explotación es crucial para prevenir la entrada de la gripe aviar.
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