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La coccidiosis genera más de 2.200 millones de euros en pérdidas globales, debido a medicación, menor rendimiento y mortalidad.
Aplicar medidas de bioseguridad permite prevenir su entrada, controlar la enfermedad y mejorar la productividad de la granja.
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La coccidiosis es una enfermedad causada por parásitos protozoarios del género Eimeria, como E. acervulina, E. maxima y E. tenella. Se transmiten a través de los huevos (ooquistes), se reproducen en el tracto gastrointestinal de las aves y se propagan a través de las heces, siendo los pollos infectados por la ingestión de ooquistes del ambiente.
Los ooquistes son resistentes y pueden sobrevivir fuera del huésped por mucho tiempo, especialmente en ambientes cálidos, húmedos y sucios típicos de las granjas avícolas.
Pueden introducirse en la granja a través de aves infectadas, equipos contaminados, aves silvestres, roedores, alimentos, agua, vehículos de transporte y por recontaminación debido a prácticas de limpieza deficientes.
El mantenimiento de un entorno limpio y seco en el establo reduce la exposición de las aves a los coccidios y la carga de parásitos, siendo esencial para prevenir brotes de coccidiosis.
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La coccidiosis afecta principalmente a los pollitos jóvenes, pero también puede presentarse en gallinas y pollos de todas las edades. Los pollos son portadores naturales de coccidios en sus intestinos, y en los adultos sanos, un bajo número de estos parásitos no causa problemas de salud debido a la inmunidad desarrollada.
Los síntomas que indican la necesidad de tratamiento por coccidiosis incluyen:
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